‘BATC – Familia’: 17 – La bruja

Te leo la mano

No sabía si mi primer amor se había ido a la mierda por completo. Y lo peor era que me tocaba esperarme hasta la clase de informática para saber qué iba a ser de esta historia. Por unos momentos intentaba ser franco. La visión de este chico sobre nuestra historia era totalmente diferente a la mía. Para él no era su primer nada. La colección de ‘primeros’ era sólo para mí: el primer amor, el primer beso, la primera relación sexual homosexual… el primer todo. Intentaba pensar desde su cabeza, restándole importancia a todo lo que para mí era un mundo, como anunciándome a mí mismo que esta historia podía estar a escasas horas de irse al más absoluto carajo.

Una vez llegué a la clase y pude hablar con él pareció que las aguas volvían a su cauce. Sólo me dijo que quería llevar cuidado respecto a los amigos en común, ya que llevábamos muy poco tiempo juntos como para dar este tipo de pasos. La idea la veía un poco excedida, ya que el fin de la misma era “sigamos viéndonos a escondidas para poder acostarnos” y poco más. Pero en ese momento me valía. Así que no puse el grito en el cielo.

Los siguientes meses transcurrieron de esa manera. Teníamos nuestras tardes en la clase de informática en la que contarnos nuestras historias. Luego estaban las tardes de los viernes. Yo iba al lugar donde él daba clases de flamenco y allí pasábamos la tarde. Algunos fines de semana intentábamos vernos, pero era más la que se liaba en su casa que lo que podíamos hacer; así que fueron pocos los sábados y domingos que pudimos vernos.

Una tarde, un rato antes de la clase de informática, íbamos dando un paseo por el centro. Mi novio se fijó en que venía una mujer a lo lejos que le resultaba familiar. No debía ser nadie conflictivo, porque comenzó a sonreír. “Es la madre de fulanita –no recuerdo a quien se refería-. Es bruja. La pobre está medio ciega.” Cuando esta mujer estuvo lo suficientemente cerca, mi chico le lanzó un saludo. La mujer reconoció la voz al momento y se acercó para abrazarle. Se dedicaron algunas palabras sobre sus vidas y luego mi chico me presentó, “Este es mi amigo.” La mujer me agarró la mano derecha con su mano izquierda y me acarició la palma con su derecha. “¡Anda! Vas a viajar mucho y además no será dentro de mucho cuando empieces. Pero no vas a volver.” Esas fueron las únicas palabras de esa mujer para mí; aparte del “hola” y “adiós” correspondientes, claro.

Una vez se fue esa mujer, nos pusimos a hablar sobre lo que me acababa de decir. Yo medio me burlé, en parte por la mera intención de no querer separarme de mi chico. Pero mi novio no lo veía así, “Pues te repito que es bruja y además no se equivoca nunca.”

Pasaba poco más de un mes cuando mi padre nos decía a toda la familia que estaba harto de vivir en la carretera. Sin comentar nada a nadie ya tenía organizado nuestro traslado a una ciudad vecina. A mi padre no le importó una mierda si los demás teníamos nuestras vidas hechas o no en esa ciudad. Mi hermana mayor ya estaba con el chico que hoy es su marido y padre de sus dos hijos. Mi hermana pequeña tenía su noviete, sus amigos y su instituto. Se puede decir que fue ella la que más perdió, ya que el cambio de instituto se hizo a la mitad del curso. Yo, de todas formas, no podía quejarme. Sólo tenía un grupo pequeño de amigos con los que podía mantener contacto por carta, por lo que nadie entendió que me pegase los siguientes días llorando.

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Imagen – A.I.

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El Gato

Bloguero adicto y redactor del grupo Actualidad Blog desde el año 2009. Un gay no vive sólo de Madonna y Kylie, por desgracia. También existen... Ver perfil ›

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