Bear and the City: 07 – ¡A la orden!

Aquí vendría la parte en la que todos pensarían. “durante el servicio militar pasó lo peor”. Pues no. El servicio militar fue la gran revolución gay. Allí había más maricas por metro cuadrado que en Torremolinos un sábado de verano por la noche. Aquí también hay que tener en cuenta que mi vida había sido casi de enclaustramiento hasta el momento de hacer la mili, que con dieciocho años me hacía volver a las diez de la noche a casa -tócate los cojones-.

De haber podido, hubiera pintado mi uniforme de colores. Pero como no pude, me limité a publicar a los cuatro vientos que era gay, mandos del cuartel incluidos, claro. Avisé también a los mandos más que nada por atajar camino con el tema de las amenazas. El capitán de mi compañía me ofreció enviarme de vuelta a mi casa. Yo le contesté, “Mi capitán, ¿volver a mi casa? Aquí estoy siendo yo y en mi casa no puedo. Aquí hago mi trabajo, por la tarde salgo con los amigos y no le tengo que dar cuentas a nadie. Yo aquí estoy de vacaciones. Con su permiso, no me voy ni muerto.”

Entonces sí sonaron las trompetas. Entré directamente en las oficinas para llevar todo el papeleo del disciplinario -el equivalente a la prisión militar del cuartel-. Vivía como un rey, tenía un curro que me gustaba y además era yo las veinticuatro horas del día. ¿Quién quiere volver a casa? Yo no. Ahora tocaba contar la verdad en casa.

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3 comentarios

  1.   gio dijo

    Pues si esto es verdad suena muy interesante y valiente.

  2.   Gato dijo

    Pues es verdad, Gio. Así que muchas gracias. 😉

  3.   Oscar dijo

    Ole ole y ole tus cojones

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