Bear and the City: 14 – Caras nuevas

¿Recordáis que un poco más he dicho algo acerca de unos amigos a los que nunca olvidaré? Obviamente los perdí y además fue mi culpa. Todo empieza después de esos artículos electrónicos desaparecidos y las 40.000 pesetas en partidos de fútbol -ni yo sabía que había tanto fútbol como para gastar ese dineral en una semana escasa-.

Con semejante regreso al hogar, era obvio que mis estancias allí acabarían disminuyendo hasta el punto de no volver nuevamente. Volví a mover mi única bolsa de ropa y mis tropecientas mil películas de casa en casa, esta vez para vivir con estos compañeros del trabajo. Tres chicos, de los cuales trabajaba con dos y al otro me conformaba con mirarlo y disfrutarlo, siempre en calzoncillos y hablando de todas sus conquistas amorosas de fin de semana. Siempre he dicho que hay heterosexuales que disfrutan mucho pavoneándose delante de un gay… y este era de medalla de oro. Además el muy cabrón sabía que le miraba, así que, sabiéndolo los dos, ¿qué carajo me importaba que me pillase mirándole si siempre terminaba sonriéndome?

Pero mi interés no estaba en esa masa de músculos con acento francés mezclado con andaluz. Yo le había echado el ojo a uno de mis compañeros. Un osito de veintipocos años, como yo. Un inocentón de los que disfrutas gastándole bromas para ver sólo sus caras de poker. Y vosotros diréis, “pero si ha dicho que eran todos heterosexuales”. ¡Ya lo sé, coño, que no dáis tiempo a nada! Panda de ansias.

Comparte para difundir

Si te ha gustado nuestro contenido ahora puedes ayudar a difundirlo en las redes sociales de manera sencilla usando los siguientes botones:

Envía
Pinea
Print

Sé el primero en comentar