Bear and the City: 21 – Internet

Ahora tocaba pasar página por cojones. Lo que viene siendo uno de esos momentos que no puedes controlar porque no depende de ti. Después de setenta y dos horas a oscuras en mi habitación, intentando nuevamente arreglar el mundo, mi mundo, al abrir la puerta me encontré la casa a medio desmontar. Mi madre se iba, se volvía a nuestra ciudad y yo no estaba en el paquete. Tampoco era mi intención ser parte del inventario. Ni siquiera nos despedimos.

Pasé a vivir con mi padre. De vez en cuando le echaba una mano en todo lo que tuviese que ver con ordenadores y yo, de paso, aprovechaba las bondades del adsl para conocer a gente nueva. Internet entró en mi vida por la puerta grande. Descubrí que la comunidad bear como tal sí que existía y una pequeña lucecita me alumbró desde arriba. No estaba todo perdido. Aún podía encontrar a ese hombre gay, grande, peludo y masculino con el que saciar toda esa falta de sexo que había suplido con las drogas. Además sería perfecto para apartarme del puto consumo. ¿Qué mejor manera de apartarse de un polvo que con otro polvo más ameno y que además salía gratis?

Por aquel entonces todo el mundo andaba encerrado dentro del IRC. Así que fui directo a ver cómo se manejaba ese chat, todo lleno de comandos raros que era todo lo contrario a un software amigable. En apenas unas horas había pasado de hablar con la pared a tener una lista de cientos de tíos, algunos bastante guapos, con los que poder entablar una conversación. Me gustó internet.

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El Gato

Bloguero adicto y redactor del grupo Actualidad Blog desde el año 2009. Un gay no vive sólo de Madonna y Kylie, por desgracia. También existen... Ver perfil ›

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