Bear and the City: 25 – En tren

Pues sí. Desde el Mediterráneo al Cantábrico en tren. ¡Qué paliza, chica! Pero bueno, ese fue uno de los momentos en los que hice uso de mi famosa capacidad de olvido. Sólo guardo un trayecto de todo el viaje y fue porque se me jodió el walkman con el ‘Hell´s Kitchen’ de Maxim dentro -¡eso sí que fue un drama!-

Después de tanto cibercaos en esta especie de relación, resultó que el par de días que pasamos juntos funcionó todo muy bien. Él no podía evitar ser carne de laboratorio con la experimentar los comportamientos extraños del ser humano, pero era lindo, qué le íbamos a hacer.

Lo más curioso fue que durante esos dos días no se habló de sus problemas de celos. Al tiempo me acabaría enterando del porqué. Lo importante fue que el viaje mereció la pena. De nuevo kilo y medio de promesas de fidelidad y de pareja de por vida que acabarían durando dos charlas de chat y otro ataque de celos. Por cierto… que no he dicho que desde que conocí al chico este, hasta el viaje en el que nos conocimos, pasó casi un año, de ahí que no tuviera más ganas de broncas e historias… y mucho menos por chat.

Entonces vino un año más de “ni contigo, ni sin ti” en el que él desaparecía y yo, mientras, esperaba yéndome de fiesta con los amigos, como siempre todos hetero, que conocí por allí cerca. Y es que en los pueblos pequeños, el movimiento gay siempre suele ser casi inexistente.

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El Gato

Bloguero adicto y redactor del grupo Actualidad Blog desde el año 2009. Un gay no vive sólo de Madonna y Kylie, por desgracia. También existen... Ver perfil ›

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