Bear and the City: 37 – Ni que estuviéramos juntos

Hubo un momento de la mañana siguiente a esa gran noche que jamás se me olvidará. Íbamos los tres en el coche, el más jovencito conducía, el novio al lado y yo detrás. Yo iba sentado en el centro y les tenía una mano a cada uno colocada en el cuello. Los dos me iban agarrando de la mano.

Cuando me dejaron en mi casa intercambiamos los números de teléfono. Pensaba que nos les iba a volver a ver en mucho tiempo… pero no era así. Resultaba que el jovencito estaba trabajando en mi misma ciudad durante toda la temporada de verano, por lo que sólo era su novio quien se volvía a su ciudad, además de que volvería pocas semanas después.

De todos modos, y teniendo en cuenta lo novedoso de este tipo de situaciones para mí, preferí optar el mismo rol que tomé con el vikingo: nada de llamadas. Nuevamente volvió a funcionar. Al siguiente fin de semana sonó el teléfono y resultó ser este jovencito interesado en salir a tomar una copa por la zona donde yo vivía. Obviamente dije que sí.

Llegó el fin de semana, llegó él, llegaron las copas y, casi amaneciendo, estábamos el uno envuelto en el otro. Al principio no me di cuenta, pero este chico jamás hablaba del novio, una estupidez teniendo en cuenta que nos habíamos acostado los tres hacía una semana. Ese comportamiento me confundió un poco, llegando a pensar que quizás yo le podía gustar a ese chico.

Yo le comencé a llamar un poco más seguido, pero empezó con evasivas. Tema resuelto. Yo no le gustaba más allá del sexo. Al siguiente fin de semana me volvió a llamar y me dijo que había venido otro amigo de él y que quería que saliéramos todos juntos. Le pregunté si este chico sabía algo, más que nada para ahorrarme la tensión de una palabra poco apropiada en el peor de los momentos, y me dijo que no. Luego tuvo el poco acierto de soltarme una fresca: “De todos modos no hay nada que saber. Ni que estuviéramos juntos.” No le di más importancia de la que tenía… ninguna.

Ese fin de semana me presenté a la cita con estos dos chicos con un rollete de Internet que me había surgido apenas unas horas antes. El recibimiento del jovencito fue, “¿Y este quién es?” Le respondí lo obvio, “Un amigo. ¿No lo ves?” Y sí que lo vio… lo vio y lo obvió toda la noche.

¿En qué quedamos, chaval? ¿No estás conmigo porque tienes novio y me regalas una noche de celos digna de una niña de instituto?

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El Gato

Bloguero adicto y redactor del grupo Actualidad Blog desde el año 2009. Un gay no vive sólo de Madonna y Kylie, por desgracia. También existen... Ver perfil ›

Un comentario

  1.   Álvaro Perera dijo

    Los celos, que son mu malos…. tengo a alguien cercano que es exactamente igual que tu amigo el jovencito… esta bueno, pero tiene ese tipo de pamplinas en la cabeza. Capi genial 😉

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