Bear and the City: 42 – Sonámbulo

¿Sólo 24 horas y estaba metido en una relación formal? ¡Pero si no sé ni cuales son tus apellidos, tío! Yo podría haber pisado el freno en cualquier momento, pero mi bloqueo mental era tal que no era capaz ni de reaccionar. Recuerdo haber estado varias horas respondiendo con gestos de asentimiento o negación.

Intenté buscar algún lado positivo. Volqué todo por el lado de su bondad y su calma, una calma extremadamente necesaria en mí día a día. Además este hombre, como diría mi madre, “es bastante apañado” en lo que a imagen refería.

Fueron pasando los días y ya teníamos vacaciones e incluso algún que otro plan de fin de semana, pero aún no habíamos tenido sexo, así que iba llegando la hora de resolver ese punto. Y entonces terminé de morir. Química sexual igual a cero. A la mitad de un rato inerte y frío hasta el punto de doler me levanté de la cama y sólo dije dos palabras: “Hasta aquí.” Ya no volvimos a dormir juntos. Al principio ponía la excusa de que me quedaba dormido en la otra habitación, donde estaban los ordenadores, viendo alguna película. Me sentaba en el sofá, me echaba las manos a la cabeza y apoyaba los codos en las rodillas, esperando a que Dios terminase ya con las bromas y me lanzara un puto rayo que terminase con todo. Luego no hubieron excusas, no quería dormir con él… no quería dormir y punto. Lo peor de todo esto era que estaba pagando mi frustración con la persona que menos lo merecía.

En ese momento comencé a desarrollar un problema de sonambulismo. Lo que me faltaba. Ahí entendí el mal que se le puede hacer a un sonámbulo si se le despierta. El enorme shock que recibe al verse en otro lado que no sea su habitación y su cama. Una mañana escuché una voz que me llamaba a gritos, era la voz de este hombre, todo asustado. Abrí los ojos y me vi tumbado en el suelo de la cocina. Me desencajé por completo. No entendía qué estaba pasando. Y lo peor era que no podía pensar para buscarle un motivo. Este hombre preguntó que cómo estaba y le dije un “bien” medio lloroso. No entendía nada. Él se echó a reír y me dijo, “Eres sonámbulo, tranquilo. ¿Te has dado cuenta de cómo has puesto todo aquí en la cocina?” En ese momento no podía ni ver y ni mucho menos pensar en el porqué de nada, así que le pedí que me lo explicara él. “Fíjate en cómo has puesto todo aquí. Esto sería el sofá y esta sería la mesa de los ordenadores. Parece que te has montado tu propio dormitorio en la cocina.” Y era verdad. Mi subconsciente, aunque pareciendo que quería irse a tomar por culo, le había gustado la habitación.

Mi cabeza me estaba dando señales de alarma cada vez más grandes y más brillantes. Esto estaba a punto de explotar y sabía que, fuese cuando fuese, el momento iba a ser muy duro.

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El Gato

Bloguero adicto y redactor del grupo Actualidad Blog desde el año 2009. Un gay no vive sólo de Madonna y Kylie, por desgracia. También existen... Ver perfil ›

3 comentarios

  1.   Álvaro Perera dijo

    Ostia que fuerte, yo solo he tenido una experiencia de esas y me quedé super raro y desorientao jajajaja! Ainss el Gato de esta historia me está dando una penicaaa! Ciberabrazo ya!

  2.   Oscar dijo

    joder nene se me han puesto los pelos de punta

  3.   Kamaji dijo

    El sonambulismo se debía a la falta de sexo, por lo que tenías que quemar la energía sobrante de alguna manera. ¿Y qué mejor manera que dándote una vueltecita por la cocina mientras la pones a tu gusto? Jajajajajajaja.

    ¡Un abrazote, crack!

    Kamaji

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