Botellón Santo ‘JMJ’: basura a fin de cuentas.

Seguro que los de Intereconomía no han enviado a ninguno de sus cachorros a grabar a esta gente.

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) ha terminado. Millones de personas han cantado, bailado y rezado en compañía de Joseph Ratzinger cual concierto de la Ambición Rubia. Pero este tipo de reuniones multitudinarias, organice quien organice, siempre tienen algunos puntos en común: basura, ruido y mal comportamiento.

Una vez igualados los puntos toca soportar la carga habitual contra el colectivo gay tras las fiestas del Orgullo de cada año, con titulares en medios de comunicación de carácter conservador en los que se nos acusa de hundir a Madrid en basura y cosas por estilo. Será quizás que la basura de los JMJ, al ser santa, pueda manchar menos, o que sus orinas en las fuentes públicas se haya transformado en agua bendita. Y es que, puestos a esconder o disfrazar, en este país nuestro todo puede pasar.

¿Que en el Orgullo Gay (así, en mayúsculas, porque me encanta) se apilaron cantidades ingentes de basura? Cierto. ¿Que la cantidad de basura de los JMJ ha sido casi igual que la recogida tras las fiestas del Orgullo? También. Y es que un botellón es un botellón, ya sea entre gays, heteros, heteronazis o animales con problemas de alcoholemia. Me encantaría saber lo que realmente piensan los padres de todas esas chicas al verlas sentadas alrededor de la fuente en la que ese peregrino meaba a sus anchas. Quizás ver el pene de otro peregrino no sea pecado tampoco.

Vídeo: Verano Directo

Fuente: DM

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