Bear and the City: 51 – Sonambulismo vengativo

El fin de semana terminó. La despedida no fue dolorosa aunque sí que jodió. Pero estaba tranquilo y eso me gustaba. Parecía que este chico me aportaba calma y eso era algo imprescindible en mi vida. Quedamos en volver a vernos pronto. Mientras seguiríamos con nuestros mensajes por Internet.

De nuevo tocaba volver a la realidad. Lo primero que hice fue asegurarme que al mes siguiente seguiría viviendo en ese piso, así que fui a buscar a Ito para decirle que servidor tenía de pardillo lo mismo que de rubia tetona… o sea, nada. “Ito, te lo voy a preguntar de buenas. ¿Y mi dinero?” No me anduve por las ramas lo más mínimo. Por mi forma de mirarle, Ito supo que tenía que responder con toda la calma del mundo y con la verdad por delante, “Perdona, tío. Lo cogí porque me hacía falta, pero te lo repongo a lo largo de la semana.” -¡Qué hijo de puta, encima mentiroso!- Fui directo al grano, “Ya le he comentado a la dueña este tema, así que no seré yo quien se quede en la calle si a final de mes no está ese dinero en su lugar.” Hizo un intento de levantarme la voz, pero le cerré la puerta de mi habitación en la cara. Lo malo era que una puerta cerrada no puede conseguir jamás bloquear del todo el sonido de una voz tan desagradable como la suya, por lo que no me quedó otra que seguir escuchando su estupideces y sus insultos. No quise entrar en su juego.

A estas alturas de la película, y centrado en querer llevar adelante toda la historia que tenía con este nuevo chico, por un momento olvidé que había algo en mi cabeza que seguía sin funcionar. Lo que menos me podía imaginar era que mi subconsciente sería la viva representación de Mr. Hide. Mi sonambulismo volvió y lo hizo para hacer todas esas cosas que quizás debería hacer estando despierto.

Después de una noche aparentemente normal, Ito entró en mi habitación riéndose y preguntándome si me acordaba de algo de lo que había hecho esa noche. Me eché directamente las manos a la cabeza y le dije que no. Según me contó, salí del dormitorio, como siempre en pelotas, y me dirigí al salón donde él estaba viendo la televisión. Dijo que me saludó y que se echó a reír al verme desnudo. Anduve despacio hasta colocarme detrás de él y comencé a mearle en la cabeza. Se levantó de golpe y me dijo que me había equivocado de habitación. Lo que el muy gilipollas no sabía era que, de haber sido por mí, en vez de haberle meado, hubiera preferido abrirle la cabeza con una silla. Jamás le conté de ese “sonambulismo vengativo” que se paseaba por mi cabeza, aunque sí que se lo conté a la dueña de la casa, ya que Ito no tuvo una mejor que contarle a ella lo que hice. Lo que yo no esperaba era que esta chica se pusiera de mi parte diciendo, “Bien hecho. Yo hubiera hecho igual. Y no te preocupes por el dinero. Ojalá no lo devuelva, porque he encontrado a una chica que está deseando quedarse con la habitación.” Esas palabras me alegraron el día. No quedaba mucho para que el mes terminase y la sola idea de perder de vista a Ito era algo que me motivaba.

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El Gato

Bloguero adicto y redactor del grupo Actualidad Blog desde el año 2009. Un gay no vive sólo de Madonna y Kylie, por desgracia. También existen... Ver perfil ›

Un comentario

  1.   Kamaji dijo

    Hubiera sido preferible que hubieras cagado y le hubieras restregado la cara con los excrementos recién sacaditos del horno de tu trasero, en vez de mearle; aunque eso mejor que nada. XD

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