‘BATC – Familia’: 14 – Comparando historias

Violencia de género - amor

Hay que estar muy ciego para no ver cuando alguien de tu entorno se enamora. Hay que estar o muy ciego o vivir con un desgraciado que sólo se dedica a abarcar la atención de toda la familia. Me resultaba la más reverenda de las mierdas el estar viviendo el mejor momento de mi vida y no poder compartirlo con mi familia. Supongo que mucha gente en mi lugar no les hubiera importado. Todos gustan de tener sus secretos, sus historias personales para disfrutar con uno mismo, pero ese no era mi caso. Llevaba toda una vida vivida de esa manera y lo que más me apetecía en ese momento era compartir todo. Pero no fue así.

Además había algo que, cuanto más lo pensaba, más me hacía echarme a temblar. Eso era los diferentes puntos de vista que podían vivirse en mi casa sobre una misma historia. Lo que para mí era mi primera historia de amor, para mi familia sólo sería el hijo de puta mayor de edad que ha engatusado al menor, inútil, sin cerebro y que a saber si realmente era maricón o si sólo estaba pasando su etapa rosa fucsia.

De todos modos no había color entre una historia y otra. La que fuese novia de mi hermano por aquel entonces iba totalmente guiada por la bruja de su madre. Esa señora abrió las piernas de su propia hija a cambio de conquistar al hijo de un señor que vivía una época de pleno apogeo en los negocios. Mi hermano ya llevaba unos buenos años paseando borracheras y puestazos por las calles de la ciudad. Y claro, lo más cómodo era ir a dormir todo eso a casa de la novia. Allí también le reían los chistes y las monigotadas de borracho. Y no sólo eso, sino que todo terminaba con la bruja invitando al borracho a dormir en la misma cama que su hija y con la puerta cerrada. Por cierto, que la chica era menor, aunque ese dato no parezca importar tanto entre heterosexuales siempre que se hable de “amor”. Esa chica, como era de esperar, terminó embarazada en menos que canta un gallo. La madre se reunió con mis padres y dijo que “había que casarles”. Lo que esa lerda no sabía era que, ni su hija iba a pegar un braguetazo del año y que, además, la vida de esa niña iba a terminar siendo un verdadero infierno por culpa de mi hermano. Las borracheras y los excesos dejaron de ser graciosos. Los gritos pasaron a los golpes –aunque estos fueron mutuos, ya que esta niña era mujer de carácter y jamás dio muestras de sumisión, de lo cual me alegro- y de ahí a los cuernos, a un segundo embarazo no esperado por nadie cargado de problemas y a un segundo hijo que nació reflejando en enfermedades todo el odio y la desdicha que paseaba ese matrimonio. Luego vino el divorcio y tener que soportar por culpa de un desgraciado que toda mi familia se viera en la obligación de perder el contacto con sobrinos y nietos. Si mi información es verídica creo que, a día de hoy, ambos niños –hoy ya hombres- no tiene ni siquiera nuestro apellido.

¿Y en qué se parecían estas dos historias? Pues en nada. La mía se basaba en el amor, el primer amor, y la otra en el interés, el alcohol y las drogas. Pero, claro, la segunda era una historia de heterosexuales, por lo que no me quedaba otra que seguir callando.

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El Gato

Bloguero adicto y redactor del grupo Actualidad Blog desde el año 2009. Un gay no vive sólo de Madonna y Kylie, por desgracia. También existen... Ver perfil ›

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